Dec 132012
 

Después de Sydney nos tocaba autocaravana durante 12 días para recorrer la Isla Sur de Nueva Zelanda. La experiencia de autocaravana en Estados Unidos salió en general bien y los niños querían repetir. Nueva Zelanda era el país elegido. A mi, la verdad, es que me apetecía, porque el tema de hacer kilómetros por carretera me gusta, ir parando aquí y allá, sin un plan muy fijo. Y el país se presta a esto. Viajar aquí es muy fácil. Sin embargo, la convivencia en la autocaravana es muy exigente. Mónica estaba bastante de los pelos. La caravana americana medía más de 9 metros, y tenía un lateral que se extendía por las noches. La caravana kiwi mide 7,5 m y no se extiende por ningún lado. 20 metros cuadrados para 5 es poco espacio. Se te juntan mucho todas las actividades de las 24 horas del día: la cocina al lado de la cama, al lado del baño que está al lado de la nevera etc. Además, cuando estuvimos en Estados Unidos el viaje acababa de comenzar. Ahora llevamos más de 150 días seguidos los 5 juntos, las 24 horas al día. Y eso hace los espacios aún más pequeños…

En todo caso ahí nos fuimos. Volamos de Sydney a Christchurch, la ciudad más grande de la isla sur, famosa por su terremoto terrible de 2011, que destruyó buena parte de la ciudad. Parece ser que la ciudad resurgió de sus cenizas de forma espléndida, y está llena de marcha y dinamismo, aunque aún quedan partes por reconstruir. Como siempre cuando viajas hay que priorizar, y las ciudades en general no son nuestra prioridad en este viaje, así que recogimos la autocaravana en el aeropuerto y nos marchamos.

La primera impresión de la autocaravana fue muy buena. Bastante nueva, todo funcionando. Eso sí, pequeña. Antes de irnos pasamos por el supermercado a comprar provisiones. Fue mucho más fácil que en Estados Unidos porque aquí te dan la autocaravana completa, con sábanas, mantas, toallas, sillas y mesa de camping, todo. En el parking del súper nos hicimos una merendola.

La zona de la mesa donde están los niños se convierte en una cama como de 1,60 m y es donde dormimos Mónica y yo. Los asientos que salen a la derecha de Mónica en la foto son donde van sentados los niños durante los viajes y también se convierten en una cama. Por último en la parte de arriba hay otra cama doble donde dormían dos niños, por turnos. Todo muy compacto.

En la preparación del viaje a Nueva Zelanda tuvimos mucha ayuda de gente que lo conoce muy bien (gracias especialmente a Joachim, Alison y Simon). También la página oficial de turismo es muy buena (www.newzealand.com). El recorrido que teníamos previsto hacer era ir hacia el sur a Queenstown pasando por un par de lagos que hay en el camino, después subir hacia el norte por la costa oeste hasta llegar a la zona de Nelson, y volver a Christchurch por Kaikoura en la costa este.

Entre unas cosas y otras salimos de Christchurch a las 6 de la tarde por lo que recorrimos sólo 60 km.

La primera impresión de las carreteras neozelandesas es exactamente lo que nos habían dicho. Estrechas, tardas siempre más de lo que piensas en llegar. Es como si los kilómetros fueran más largos. La realidad es que simplemente vas más despacio de lo que estás acostumbrado.

Sin embargo hacía una tarde preciosa. Las carreteras en Nueva Zelanda son muy entretenidas porque los paisajes son muy bonitos, diversos y cambiantes. Nada que ver con lo anodino de las carreteras australianas. Este primer día de viaje vimos muchos pastos, las primeras ovejas de las muchas que veríamos (en el país hay 4,5 millones de habitantes y 30 millones de ovejas) y unos cierres vegetales gigantescos que nos llamaron muchísimo la atención. Están hechos con árboles pero recortaditos como si fueran setos. Y a veces miden más de 10 metros de altura.

Cuando empezó a caer el sol nos metimos en el primer camping de caravanas que encontramos. Los niños desfogaron un poco en los juegos mientras hacíamos unos macarrones de cena. ¡Tuvieron bastante éxito!

A la mañana siguiente amaneció lloviendo. También nos habían advertido que el verano neozelandés es “muy gallego”. La verdad es que si no fuera porque se conduce por la izquierda y está lleno de ovejas, parecería en algún momento que estábamos en Lugo…

Los cierres vegetales y las ovejas.

El único interés que podría tener el pueblo donde paramos es que estaba muy cerca de las antípodas de la Coruña, que según la página www.antipodemap.com es un poco al sur del Lake Coleridge. Pasamos muy cerca del punto exacto. Más lejos de casa no se puede estar.

Hay muchos ríos en Nueva Zelanda, y la mayoría de puentes que cruzamos eran de un solo carril.

En el camino praderas enormes, bosques, paisajes de colinas verdes… Muy bonito.

El tiempo parecía que mejoraba a medida que avanzábamos por las llanuras de la región de Canterbury y nos acercábamos a las montañas. Queríamos llegar al Lago Tekapo, que tiene fama de ser uno de los más espectaculares de Nueva Zelanda, porque de fondo se ve la cordillera donde está el monte Cook, el más alto del país con 3700 m.

Los niños llegaron al lago así.

Nos instalamos en el camping y las vistas eran espectaculares a pesar de que seguía completamente nublado. Nos fuimos a unas piscinas de aguas termales que hay al lado del camping y nos dimos un baño calentito con las montañas nevadas de fondo.

Nos gustó tanto que a la mañana siguiente volvimos, aunque yo decidí quedarme en el lago haciendo unas fotos. Es uno de los sitios más fotogénicos que recuerdo. Se me hace dificilísimo elegir las fotos, o sea que pongo muchas.

Cuando fui a las piscinas me encontré con este panorama, los niños ya bien cociditos de estar en las piscinas y Mónica en la hamaca con el ordenador.

Me habían dicho que había una caminata muy entretenida que salía al lado de las piscinas y subía al monte John, desde donde se ve una vista muy bonita. José se apunto y allí nos fuimos los dos. Quedamos en que Mónica, Yago y Carmen vendrían a buscarnos arriba en la autocaravana. Un paseo muy agradable por el bosque, todo el rato subiendo, pero de premio las vistas fantásticas del lago Tekapo y otros de alrededor.

En el monte John está el observatorio astronómico más importante de Nueva Zelanda. Será muy bueno, pero me da la impresión que al cabo del año ven más nubes que estrellas…

Después del paseo nos pusimos en carretera hacia el Lago Wanaka, nuestro próximo destino. Las carreteras están preciosas con las flores.

En el camino pasamos por el lago Pukaki desde donde se ve el monte Cook. La cantidad de sitios, montañas, bahías, playas, pueblos que se llaman Cook en el pacífico es impresionante. El explorador inglés dejó huella.

Vimos unas formaciones rocosas que nos recordaron a Bryce Canyon (en pequeño).

Los paisajes son preciosos.

Llegamos al Wanaka y nos encantó el pueblo, al lado del lago del mismo nombre. También como de postal. Llegamos por la tarde y nos instalamos en un camping. Los niños pudieron desahogar un poco antes de cenar. Y luego nos impresionó el anochecer. Pintaba buen tiempo para el día siguiente.

Y así fue, amaneció un día casi despejado y fue mejorando a medida que avanzaba la mañana. No teníamos claro si nos íbamos a quedar una noche más o no. Fuimos a dar un paseo por la orilla del lago y por el pueblo. Impresionante de bonito.

Fuimos al sitio de información turística y sobre la marcha decidimos coger una avioneta para ir a visitar el fiordo de Milford Sound. Es uno de los sitios más famosos de Nueva Zelanda y teníamos previsto ir. Cuando lo ves en el mapa te parece cerca, pero descartamos ir en coche porque nos dijeron que se tarda 5 horas en ir y otras tantas en volver desde Queenstown. Además, el fiordo tienes que verlo con buen tiempo. Total, que como hacía muy buen tiempo y los próximos días parecía que iba a empeorar, a las 12 en la información turística decidimos coger una avioneta a las 13:30 h para ir hasta el fiordo, verlo en barco durante dos horas y volver a Wanaka hacia las 17:30 h.

¡Qué buena decisión! En la avioneta íbamos sólo nosotros y el piloto. El viaje fue alucinante, todo por las montañas, viendo ríos, lagos, valles, glaciares…

La llegada a Milford Sound es increíble. La pista de aterrizaje está en la parte interior del fiordo, al lado del muelle desde donde salen los barcos para visitarlo, y la avioneta tiene que dar la vuelta entre las montañas para enfilar la pista.

Tuvimos mucha suerte de ver el fiordo casi despejado porque aquí tienen más de 200 días de lluvia al año. Llueve 8000 mm al año, que es un poquito menos que en la Patagonia chilena, pero aún es una barbaridad. El récord registrado de lluvia en 24 horas es 524 mm. Esto es la mitad de lo que llueve en Oviedo en un año.

Al salir en el barco te llama la atención el oleaje, más movido en el interior que hacia el exterior. El fiordo es espectacular, con paredes casi verticales de hasta 1700 metros de altura (el Mount Peak) llenas de vegetación y cascadas de agua. Las dimensiones no se aprecian bien en las fotos, pero si os fijais en los barcos que salen en alguna os da una idea.

A la vuelta la avioneta regresó por otra ruta y vimos el norte del lago donde está Queenstown, un pueblo que se llama Glenorchy donde estuvieron basados para el rodaje del Señor de los Anillos por esta zona. Los ríos de glaciares son espectaculares desde el aire. Arrastran muchísimos sedimentos y eso hace que en época de aguas bajas se formen muchos meandros.

 

El aeropuerto de Wanaka es muy pequeño. Nos quedamos muy tranquilos al ver el coche de bomberos porque se ve que la seguridad es muy importante…

Esa noche nos quedamos en Wanaka. Al día siguiente salimos hacia Queenstown. Se pasa por unas montañas muy bonitas desde donde se ve el lago Wakatipu donde está la ciudad. El entorno de la ciudad es impresionante.

Queenstown es la capital mundial de los deportes de riesgo. La ciudad es muy turística, está llena de agencias que te ofrecen todo tipo de actividades, a cada cual más extrema. Aquí un neozelandés se inventó el puenting en los años 80 (lo llaman bungy jumping). Desde 1970 operan Jet Boats que son pequeñas embarcaciones con cientos de caballos de potencia que recorren gargantas de los ríos a velocidad de vértigo pasando a milímetros de las paredes de roca. Te puedes subir a la montaña en helicóptero y bajas en bici. Te puedes tirar en paracaídas al lago. Cualquier majadería que se te pueda ocurrir es posible en Queenstown. Durante el invierno tienen todo tipo de deportes de nieve, y ahora en verano actividades en los ríos, las montañas…

 

La ciudad es muy pintoresca. Hay una colina que puedes subir en teleférico y bajar en mountain bike o en parapente. En la cima hay unos circuitos de trineos con ruedas en los que puedes ir a toda velocidad. Decidimos subir a la mañana siguiente. Mónica se quedó porque no se encontraba muy bien. Las vistas desde arriba son increíbles. Bajamos en los trineos un par de veces. José y Yago a toda velocidad y Carmen y yo en plan paseo.

Muy divertido pero el nivel de adrenalina no era suficiente. José y Yago llevaban días mirando todo tipo de actividades porque querían hacer algo emocionante. Por fortuna su peso no era suficiente para hacer puenting. Tras bastantes investigaciones decidimos hacer surf en el río. Yo no estaba para nada convencido pero dije que sí y allí nos fuimos después de comer. Nos llevaron en autobús durante 45 minutos. Nos fueron explicando lo que íbamos a hacer. Nos aseguraron que “en 24 años no se ahogó nadie”. La verdad es que no me tranquilizó nada. Éramos 8 participantes y había 5 guías que se iban a meter en el río. Ninguno neozelandés. Parece que todos los chalados mundiales de la aventura se han concentrado aquí. Llegamos al río y nos explicaron la teoría con unos dibujos. La cosa es muy básica. Te dan un neopreno, unas aletas, un casco y un paipo y te tiras río abajo por unos rápidos durante 6 km. Luego si te gusta repites una segunda vez. Nos explicaron por ejemplo cómo salir de un remolino. Nos dijeron que a veces te puede hundir un par o tres de metros hacia abajo, pero que normalmente si sigues al guía no pasa. Todo muy alentador. Me apetecía más o menos lo mismo que tirarme de un puente. El río metía miedo. En el agua nos dieron unas cuantas instrucciones más. Todos los guías eran jóvenes como armarios roperos de grandes, todos simpatiquísimos. Yo era sin duda el mayor de todo el grupo por goleada. Había un niño de 13 años que iba solo y luego jóvenes de veinte y pico años. Un checo era como el jefe de los guías e iba a ir delante. Es importante meterse en los rápidos por el lado bueno y mantenerse en el centro del río para evitar remolinos. Él iba a ir indicando hacia donde había que aletear. Detrás del grupo iba a ir un sueco que nos aseguró que si lo veía necesario nos remolcaría agarrándonos por nuestra tabla. Dijo que hay a gente que le molesta pero sólo lo hace si es necesario. Yo intervine rápidamente para decirle que a mí no me importaba nada que me remolcase. A los niños les pusieron un guía individual a cada uno, un francés a José y un inglés a Yago.

Teníamos esta pinta:

Y allí nos tiramos a la corriente. Fue mucho peor de lo que me imaginaba. La salida era al lado de una central eléctrica y el primer rápido ya estaba allí mismo. Mientras tragaba agua pensé que qué rayos hacía yo haciendo tamaña majadería y que a quién se le puede ocurrir esto. La bajada de los 6 km duraba como 40 minutos. Yo a los 5 minutos ya estaba agotado. Me quedé hacia el final y le pedía ayuda al sueco que la verdad es que se portó fenomenal y me ayudó mucho. El tío me agarraba de la tabla y hacía conmigo lo que le daba la gana. En las zonas más en calma veía cómo nos acercábamos a los rápidos y cómo los niños los pasaban enganchados a su guía, desaparecían en el oleaje. Había en zonas en las que notabas los remolinos en las piernas y de repente estabas mirando hacía arriba del río.

Este es un vídeo de 23 segundos grabado por uno de los guías, en el comienzo de uno de los rápidos, no el peor, pero da una idea de cómo era la cosa. Los niños salen hacia el final enganchados cada uno a su guía, Yago con casco dorado y José con casco negro. Yo salgo de último, con casco amarillo, con el guía sueco que iba con casco negro.

Aguanté como pude hasta una parada ya muy cerca del final donde la gente aprovechó para tirarse al río desde una roca a más de 5 metros. El de la izquierda es José y el de la derecha Yago.

Los niños estaban encantados con la experiencia. Yo espantado. Salimos del río y los niños dijeron que volvían. Yo los esperé en la orilla. Me dolía todo el cuerpo y me siguió doliendo durante días.

Volvieron aún más encantados. Parece ser que la segunda vez Yago pasó alguno de los rápidos solo.

Cuando volvíamos en el autobús el guía inglés que fue con Yago iba delante de mi hablando con el niño de 13 años, que le estaba preguntando sobre el rafting y si era peligroso y tal y cual. Yo en un momento le pregunté si le parecía que el rafting era más o menos peligroso que lo que habíamos hecho. Sin dudar, me respondió que ambos son “muy peligrosos”. Que si no sabes lo que haces te puedes meter en un buen lío. La verdad es que en el río te llevan por un lado o por otro no sabes muy bien porqué. Se ve que conocen bien lo que hacen, son muy profesionales. En todo caso me pareció muy reconfortante estar en tierra firme.

Los niños me agradecieron muchísimo que fuera con ellos. Yo ya les he dicho que de deportes de riesgo ya me llega para todo el viaje.

Después de las emociones fuertes fuimos a cenar al centro de Queenstown y vimos la preciosa puesta de sol en el lago. Había un músico ambulante tocando un piano destartalado con ruedas. Pero sonaba muy bien. Coincidimos con unos españoles que llevaban varios meses en Nueva Zelanda de “working holidays”. Al parecer cada año el gobierno neozelandés da permiso de trabajo de 1 año a 200 españoles menores de 30 años. También lo hacen con países sudamericanos. En Australia también lo hacen con países americanos pero no con España. Los chicos estaban encantados y nos pareció una experiencia fantástica.

 

La última cosa que hicimos en Queenstown fue meternos en el Jet Boat a la mañana siguiente, antes de marcharnos hacia la costa oeste. Es media hora de emociones fuertes. La lanchita tiene dos turbinas que le dan 700 caballos de potencia. Están diseñadas de tal manera que pueden pasar aunque sólo haya 10 cm de agua. Se mete por la garganta del río Shotover, un sitio precioso, pero del que apenas puedes disfrutar porque lo pasas a toda velocidad. El piloto hace todo tipo de acrobacias, la más sonada es el giro de 360º. La verdad es que la pericia de los pilotos es impresionante y el tema están muy bien organizado. Para quién le guste, vamos. A los niños les encantó. Carmen iba muy ilusionada pero cuando llevábamos recorridos unos 100 m ya me dijo “¡Papá no me gusta, va muy rápido!” con cara aterrorizada. Luego la agarré de la mano y se fue tranquilizando.

Cuando terminamos nos marchamos de Queenstown hacia la costa oeste.

Jorge






 Posted by at 03:11

  4 Responses to “Nueva Zelanda Isla Sur: de Christchurch a Queenstown”

  1. No me puedo reprimir, realmente ” im presiomante”. Por las fotos maravillosas todas, carretera, lago fiordo y por los deportes. Sois unos verdaderos valientes

    Cris Drake que acaba de convertirse en madre, estuvo a punto de comvertirse en una kiwi. Vivió un año allí pero al final el novio no quiso volver a Londres y todo acabo.

    Los kiwis son tan respetuosos con el medio ambiente que cuando van de pesca no tiran al mar absolutamente nada, ni las tripas de los peces que pescan.

  2. Querida familia, nos ha rechiflado sobre todo el riesgo extremo en el río y la avioneta. Jorge si nos dicen todo lo que estas haciendo hace unos años no nos lo creemos. Te estas jugando la vida constantemente.
    Neniños: sentido no que ese cuernito os tiene que durar 100 años.

    Carmen querida una cosita, te encontramos ideal, guapa guapísima, lo mas de lo mas, pero los crocs con calcetos no, por ahí ya no pasamos, se nos ha caído el glamour.

    Muchos bestias a todos.

  3. Sorprendido es poco. Maravillado. Por la belleza y por el exceso de valentía. Entiendo que Jorge no vuelva a repetir. Que lo sigáis pasando tan bien.

  4. A mi ya me gustaria estar ahi en Queenstown con vosotros y hacer todos esos deportes de riesgo.

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