Oct 172012
 

Este invierno mientras preparábamos el viaje, leí un libro de Isabel Allende, “El cuaderno de Maya”, que influyó en dos lugares de nuestro viaje. Es la historia de una “gringa” de San Francisco, nieta de una chilena que después de haber tenido problemas con robos, prostitución y drogas en Las Vegas, acaba escondiéndose en la Isla de Chiloé en Chile. Cuando pensábamos sobre el itinerario, yo opiné que como ciudad puente para ir al Gran Cañón y otros parques nacionales americanos, con una noche en Las Vegas era suficiente, no había necesidad de más. En Las Vegas detrás de tanta apariencia de brillos, riqueza y fiesta ves a bastantes Mayas.

El segundo lugar es Chiloé, la isla donde va  a esconderse Maya. Isabel Allende describe muy bien la isla y habla sobre la gente y las costumbres. Hay dos cosas que quería ver y por suerte he llegado a ver una, un curanto. La segunda tradición que no conseguimos ver es la minga, que consiste en trasladar una casa entera a otro lugar tirada por bueyes. Pero empezaré en orden cronológico.

Llegamos desde Buenos Aires vía Santiago de Chile. El viaje fue muy largo. Además con tantos vuelos que tenemos en este viaje nos despistamos un poco, habían cambiado el horario y no nos acordábamos. Menos mal que lo habían retrasado y lo que ocurrió es que llegamos demasiado pronto al aeropuerto, a las 9h30. De Buenos Aires a Santiago y de allí a Puerto Montt. Todo esto más los adelantos, las esperas y los retrasos llegamos a Puerto Montt a las 21h30, es decir 12 horas después, de ahí faltaban 3 horas en coche hasta Castro, la capital de la Isla de Chiloé, a donde llegamos finalmente a la 1 de la mañana.

Esto es fútbol en el aeropuerto, con Carmen de portera.

El viaje mereció la pena cuando nos levantamos a la mañana siguiente en la habitación de nuestro hotel, que estaba en un Palafito, viendo la costa, los otros palafitos, los barcos, la isla de enfrente verde muy verde, los pájaros y un sol radiante. La construcción típica de aquí son los palafitos. Carmen les llama palacitos. Son casas en la costa que están sobre pilotes y sobre el agua. En Castro hay un par de zonas con casas así. Suelen ser de madera y pintadas cada una de un color. Resultan muy pintorescas. Nuestro palafito está en la zona de Gamboa y es un bed & breakfast hecho con mucho gusto, todo de madera, decorado con artesanías locales y comodidades globales (que maravilla la ducha Grohe, la echaba de menos). Una cosa que me ha encantado es el concepto del comedor cocina. Hay un salón-comedor-cocina donde por las mañanas sirven el desayuno en una mesa común para todos los huéspedes. El resto del día cada uno puede usar la cocina a su antojo. Nosotros fuimos al súper y nos preparábamos aquí la cena. Nunca había visto esto y me parece una solución muy cómoda y agradable.

En esta foto nuestro hotel es el palafito más grande de color oscuro que está del medio de la foto hacia la izquierda.

Cenando en la cocina-comedor comunitario.

El primer día por supuesto nos levantamos tarde. Después de desayunar los niños se pusieron a estudiar y yo me fui al pueblo. Necesitaba estar sola y reponer algo de ropa. Era sábado, así que había muchísima gente. Hay un montón de tiendas de ropa, son como antiguas, como las que había en Coruña cuando yo era pequeña. Me divirtió mucho aunque compré poco. Busqué un sitio para hacer fotocopias para los deberes de los niños y después fui al mercado de artesanías. Hacía sol y se estaba muy bien por la calle.

Fuimos a comer a El Sacho, un restaurante clásico de Castro con vistas al mar. La comida típica es marisco. Pedimos locos apanados, machas al parmesano, pulpo con ají, choritos al vapor y todo nos pareció riquísimo.

Los locos

La vista

Por la tarde fuimos a Cucao, dentro del Parque Nacional de Chiloé. El trayecto es muy bonito porque se va bordeando el lago Huillinco. Al llegar al Parque Nacional un cartel decía que había que pagar algo para entrar pero no había nadie. Buscamos al guarda pero no lo encontramos, así que entramos igual. Hicimos un sendero que va hasta una playa preciosa, muy larga y abierta. Aquí las mareas son muy fuertes, y como estaba la marea baja, pudimos caminar un buen tramo por la arena mojada. El Lago Huillinco desagua en la playa, así que hay un río que serpentea por el arenal. Es todo muy bonito, naturaleza en estado salvaje.

Nos llamaron especialmente la atención unas plantas curiosísimas que son como berzas enormes que tienen una especie de raíz semienterrada. Al día siguiente nos enteraríamos que se llaman nalca o pangue y que tienen mucho usos… Aquí salen al lado de esta vaca simpática.

Es primavera, y flores de todos los colores crecen en los arbustos y los árboles.

Volvimos al hotel, cenamos y a la cama.

 

Domingo 14 de octubre

Por la mañana fuimos a la plaza de Castro y nos encontramos con que había una reunión nacional de grupos evangelistas. Iban todos vestidos de negro y muchos llevaban instrumentos musicales. Tenían un jolgorio montado impresionante. Me quedé un rato a escuchar al predicador y ante mi asombro contó que había hecho varios milagros. Contó que hace algún tiempo había una mujer cerca de los 40 años que tenía la matriz cerrada y no podía tener hijos. Él fue a ver a esta mujer y a los dos meses ésta le anunció que estaba embarazada. Después contó que había una niña con la piel de cristal (que no sé qué es exactamente), que los médicos habían dicho “que no había sanidad para ella”. Fueron a ver al predicador y la niña se curó. Por último contó de su nuera que tampoco podía quedarse embarazada y que tras su intervención al poco tiempo anunció que estaba embarazada. Todo una milagrería.

Pasamos por la oficina de turismo en la plaza donde nos atendieron fenomenal y nos dieron información muy útil. Como había misa en ese momento en la iglesia de Castro, decidimos volver a verla en otro momento.

Habíamos visto anunciado un curanto en hoyo en Castro. Es algo bastante excepcional y muy típico así que nos decidimos a ir. El curanto en hoyo es una comida a base de mejillones, almejas, cerdo ahumado, pollo, chorizo, salmón y patatas, todo cocinado junto y de una manera muy especial y tradicional. También se añaden chapaleles, unas tortitas hechas de patata y maíz.

Estos son algunos ingredientes:

La preparación del curanto lleva alrededor de una hora. Se hace un pequeño hoyo en la tierra.

Allí se pone madera a quemar y encima piedras de origen volcánico que absorben el calor. Se deja que queme hasta que se hacen las brasas, en ese momento se retiran los tizones que aún tienen fuego y se dejan una cama de piedras que están muy calientes. El calor de las piedras es lo que cocinará los alimentos. Sobre ellas se colocan los mejillones y las almejas, encima unos cuencos de barro con raciones individuales que llevan el cerdo, chorizo, pollo y salmón y sobre esto se ponen las patatas. Esto esta muy caliente y hay mucho vapor. Se cubre con unas hojas grandes que se llaman costillas de vaca. Encima se colocan los chapaleles y se vuelve a cubrir pero con hojas muy grandes de nalca, la planta que nos había llamado la atención el día anterior en Cucao. Para terminar cubren todo con pedazos grandes de tepe, como los rollos de hierba que usan para reponer los campos de fútbol pero en pedazos. Lo colocan del revés, la hierba hacia dentro, hasta que deja de salir vapor. La comida se cocina en su propio jugo y como en una olla a presión natural. Se deja así casi dos horas.

Todos los pasos:

El restaurante donde lo tomamos era bastante especial. El ambiente era muy relajado y familiar. Lo gestionaba una señora, pero había muchos personajes que se veían de la casa. En la parte trasera tienen un pequeño jardín que fue donde hicieron el curanto. Al poco de llegar conocimos a Rubén, un gallego de Cambados que lleva aquí viviendo un tiempo y estaba entre los de la casa. Nos contó que había venido a trabajar en los mejillones (choritos como les llaman aquí). Aquí no se cultivan en bateas, sino que el sistema es mediante boyas de las que cuelgan las cuerdas donde crecen los moluscos. Hasta hace nada Galicia era el primer productor mundial de mejillón, pero según nos contó Rubén, el año pasado Chile le ha sobrepasado de largo. También nos contó que la gente de Chiloé es muy especial, a él lo acogieron muy bien y que tienen muy buena onda.

Creo que Chiloé se parece en bastantes cosas a Galicia. Hay tojos, marisco, eucaliptos, mar y campos verdes. Llueve mucho y cuando sale el sol es una preciosidad. Hay sin embargo una gran diferencia: en Galicia no se ve la Cordillera de los Andes de fondo. Y en Galicia las iglesias son de piedra, mientras que aquí son de madera.

Los tojos los llaman espinillo y nos contaron que los trajo un monje gallego para separar los lindes de los terrenos. En Internet dice que fueron los colonos alemanes que llegaron a la zona de Valdivia, Osorno y Llanquihue. En todo caso, fuera quien fuese, ¿qué tendría en la cabeza? Ahora son una plaga. Como es primavera están en flor y se ven todos los campos amarillos muy bonitos, pero creo que es la única alegría que dan en el año.

Entre la preparación del curanto y el destape nos fuimos a dar un paseo por el puerto y la feria de artesanía. Trabajan sobre todo la lana, que tiñen con tintes naturales y hacen trabajos de cestería y madera. Todo muy bonito.

Esto es un “locomóvil”, un ingenio de principios del siglo XIX para aserrar madera. Hay varios expuestos en el puerto.

Después volvimos al destape. Cuando la tierra empieza a sudar es el momento de destapar el curanto.

Dando ambiente.

Revisando con el maestro curantista.

El destape:

Lo sirven en platos repletos de almejas y mejillones, con la cazuela con el resto de ingredientes. Se le añade limón y cilantro. Se come con las manos, menos el caldito del cuenco, que es delicioso, con mucho sabor, un mar y montaña riquísimo. Van sacando poco a poco el tepe y solo retiran una parte de la comida, el resto queda el calor para más tarde. Comimos un buen plato de curanto cada uno.

¡A comer!

Por la tarde fuimos a la isla de Quinchao. Chiloé en realidad es un archipiélago que tiene muchas islas. Quinchao es la segunda más grande. Para moverse entre las islas hay un sistema de ferrys que funciona fenomenal. Para ir a Quinchao se embarca en un ferry en el pueblo de Dalcahue. En este archipiélago la mayoría de las iglesias están construidas en madera. En la isla había una tradición de construcción en madera con una técnica sin clavos, encajando las tablas. Utilizan además muchas veces para las fachadas una especie de tejas de madera. Quince de estas iglesias están declaradas patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Visitamos algunas de ellas. Estamos todavía al principio de primavera, la temporada de turismo no ha empezado así que muchas de las iglesias no están abiertas. En los pueblos suele haber alguien que tiene las llaves y si lo encuentras te abre la iglesia. La gente es muy amable y se sienten muy orgullosos de sus iglesias. Las personas que nos abrieron las iglesia nos contaron además como se había construido, como se mantiene y muchas historias.

La primera que vimos fue Santa María de Loreto de Achao, la más antigua de Chiloé, construida en 1730.

Después fuimos a Curaco de Vélez, un pueblo precioso.

Volvimos a Castro y pasamos por una zona de palafitos muy bonita.

 

Lunes 15 de octubre de 2012

Hoy decidimos ir a conocer más iglesias que son impresionantes y fuimos a la isla de Lemuy.

De camino nos paramos en la iglesia de Vilipulli, cerca de Castro. Nos abrieron la puerta unos vecinos. Al principio nos dijeron que la puerta se había atascado y el día anterior no habían conseguido abrir pero lo intentaron y consiguieron abrir. Vimos la iglesia y los niños subieron a lo alto del campanario.

 

Siguiente parada, el pueblo de Chonchi y la iglesia que no conseguimos ver abierta.

 

Después cogimos el ferry cerca de allí y pasamos a la isla de Lemuy. La isla es muy bonita y tranquila, tanto que casi no vimos a nadie. Incluso buscamos un restaurante para comer y no lo encontramos. Era día festivo en Chile y todavía no es época turística.

Fuimos a la iglesia de Santiago Apóstol en Detif. Está al final de la isla en un pueblo muy pequeño. Nos la enseñó una vecina que fue muy amable porque estaba a punto de irse. Está en un sitio precioso y la iglesia es muy bonita.

Tiene unos barcos colgados del techo.

Fuimos a dar un paseo hasta el mar y dimos con una escultora de la que ya nos habían hablado. Se llama Gloria y talla en madera. Hace réplicas de las fachadas de las iglesias y otros trabajos en madera. Nos contó cómo aprendió a tallar. Cuando tenía que empezar secundaria una de sus hermanas se puso enferma. En la isla no había ninguna escuela de secundaria,  así que como sus padres tenían que costear la enfermedad de su hermana y no podían mandarla fuera a estudiar, se quedó en el pueblo. Ella era inquieta y le gustaba estudiar y leer. Una vez que terminó con todos los libros de la biblioteca, se aburría así que empezó a ver cómo su padre trabajaba la madera.  Observando aprendió y con la experiencia mejoró. Ahora han pasado 17 años y hace unos trabajos en madera muy bonitos.

De allí fuimos a Aldachildo. El interior de los más bonitos. El techo está decorado con estrellas y decoraciones florales. Había unas estrellas negras que la señora que nos abrió nos explicó que simbolizaban los planetas.

 

Martes 16 de octubre de 2012

Hoy dejamos Castro. Nuestra idea es ir por el noreste y terminar en Ancud y visitar las pingüineras.

Últimamente estamos un poco pesados para salir de casa, nos levantamos tarde y hoy no fue una excepción, no conseguimos salir del hotel hasta las 11. Nos dio pena dejar el palafito porque nos sentimos muy a gusto, la gente era muy amable y acogedora y la casa preciosa.

Primero fuimos a ver la iglesia de Castro, que es la más grande de la isla. Están restaurando la fachada. El exterior es de latón galvanizado (algo un poco raro, pero aquí hay muchas construcciones con ese material) y el interior todo de madera. Es espectacular.

Me llamó la atención el niño Jesús vestido con el típico conjunto de punto…

Nuestra siguiente parada fue en Dalcahue. Allí visitamos la iglesia, también muy bonita, y la plaza donde está también.

El mercado de artesanía del pueblo es pequeño pero muy auténtico. Había puestos de madera, mimbre y tejidos. Compramos una manta y estuvimos hablando con el artesano que las teje, un tipo bonachón con pinta de lobo de mar que no te imaginas que sea capaz de tejer unas cosas tan bien hechas y con tan buen gusto.

Entramos en las cocinerías. Es un edificio en el puerto sobre pilotes donde hay pequeños puestos de comidas. En como un mercado de micro-restaurantes, muy curioso.

De allí nos fuimos por caminos de ripio (tierra) hasta Tenaún a ver una de las iglesias que se han restaurado hace poco. Es la más colorida y llamativa y el entorno es muy bonito. Hay una señora que tiene las llaves, estaba almorzando pero nos pidió esperar 15 minutos y nos la abrió.

Ya un poco tarde llegamos a comer al pueblo de Quemchi, en la costa y muy pintoresco. Nos habían recomendado ir a “El Chejo” que lo lleva Don Chejo, un señor mayor muy amable y alegre. Comimos muy bien y al terminar nos llevó a la cocina. Nos explicó que todo el producto era muy fresco, y para demostrarlo abrió el congelador y nos enseñó la carme y el pescado fresco, fresco que tenía allí, empaquetado todo con film de una forma muy pulcra, resultó que estaba tan fresco ¡que estaba congelado!

Justo al lado del restaurante había una caseta de un candidato a alcalde con una música a todo meter. Me fijé en la canción y era del tipo “Luis Macías vota vota para alcalde, está cerca de los jóvenes, arregla nuestras carreteras, conoce nuestros problemas” o algo por el estilo.¡Encargó una canción pop para su campaña! El día 28 son las elecciones municipales y todos los pueblos están llenos de carteles electorales. La verdad es que nos han dado mucho juego. Muchos son como hechos en casa y con unos slogans bastante originales, algunos políticamente incorrectos (“Detrás de un Gran Hombre, una Gran Mujer”…  mayúsculas incluidas). La política municipal es parecida en todos los países, como de andar por casa. Os dejo un collage de carteles electorales.

Después de esto salíamos de Quemchi muy contentos y entretenidos, hablando de los slogans, mezclado con los aleluyas de los evangelistas, y a los 9 kilómetros no lo vi a tiempo y me metí de lleno en un hoyo tamaño natural que había en la carretera. Consecuencia dos ruedas reventadas y el resto de la tarde perdida. Llamamos a la compañía de alquiler de coches y después de esperar las debidas autorizaciones nos confirmaron que mandaban una grúa y un taxi que nos llevaría a nuestro destino.  Estábamos en mitad de una carretera en un sitio un poco peligroso, así que nos pusimos delante de la entrada de una granja porque nos pareció un sitio más seguro. Cuando llevábamos un rato, vino una chica a preguntarnos si necesitábamos ayuda y nos invitó a entrar en la casa. Nos pasamos la tarde con ellos. Nos aconsejaron llamar a los carabineros para dar parte, nos invitaron a beber algo y los niños se  fueron a jugar con los niños de la casa Fernanda y Bryan. Tenían campo y animales, estuvieron con una yegua, los perros, los corderos, los chanchos y terminaron jugando los 5 al fútbol. Lo pasaron genial. Mientras, los mayores estuvimos con la familia charlando animadamente alrededor de la cocina y la tele.

Los carabineros vinieron a ver el hoyo (o “evento” como le llamaron en la constancia escrita que hicieron). Fueron muy amables y eficientes. Nos aconsejaron que pasásemos más tarde para dejar constancia de lo sucedido.

Tres horas después de nuestra primera llamada llegaron a buscarnos y nos despedimos de la familia Miranda (también suena gallego, ¿no?) que tan bien nos acogió y que nos hizo el tiempo de espera de lo más llevadero.

Montaron el coche en la grúa y el taxi nos llevó hasta el puesto de carabineros. Otra vez fueron muy amables porque normalmente las constancias no las entregan en el momento, sino al día siguiente y al ver que estábamos de viaje hicieron los trámites necesarios para que pudiéramos llevárnoslo en el momento.

Después de viajar tres horas llegamos muy cansados a Puerto Varas.

Nos fuimos de Chiloé encantados de haber venido. Es un sitio realmente único y especial, de esos que te va captando el interés poco a poco y te termina fascinando. Después de los sitios que visitamos, con maravillas naturales singulares (salar de Uyuni, Iguazú, Atacama…) los niños se preguntaban qué habíamos venido a ver a Chiloé. Alguien nos dijo que el turismo aquí es “turismo costumbrista”. Será eso, pero a los mayores nos encantó.

Mónica

 






  5 Responses to “Chiloé”

  1. Hola familia!, còmo me gustò ese libro!, què sorpresa cuando he visto esta etapa en Chiloè. Es màs bonito de còmo me lo habìa imaginado cuando leì el libro. Muchos besos!!
    Reyes

    • Reyes estás entre los fans más incondicionales, que rapidez de contestación! Yo también me lo había imaginado distinto, con mucha menos luz y más atrasado. Como digo en el post es como estar en Galicia, hasta yo creo que también hay meigas. Besos. M

  2. Parece la costa de la muerte. Moni no vuelvas a tomar decisiones con respecto a los coches, no son muy acertadas.
    Me ha parecido todo precioso y este verano haremos el cuanto en perbes, tenemos la materia prima, tenemos una pala para hacer el hoyo y tenemos el tepe, tenemos los comensales y los tojos, no nos falta de nada.

  3. Vaya punto haber ido al archipiélago de Chiloe!!!, la impresión es como de haber llegado a un sitio donde el tiempo se ha detenido. Las iglesias me parecen espectaculares, el paisaje que tanto os recuerda a Galicia, la vaca seguro que tiene alguna prima gallega…..no en vano los conquistadores españoles llamaron a estas tierras Nueva Galicia. Besos

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