Sep 202012
 

Martes 18 de septiembre

A las 7h45 nos vienen a buscar. Vamos al puerto y de allí salimos hacia los Uros.

Son unas islas flotantes hechas sobre juncos únicas en el mundo. Según hemos leído este pueblo construyó sus casas en el lago huyendo de los incas y otros pueblos guerreros, pero aquí nos han explicado que huían de los españoles. Probablemente la cosa empezó huyendo de la expansión inca y siguió huyendo de la expansión colonial.

Navegamos entre la totora (cáñamo) por un canal hasta llegar a la ciudad flotante de los Uros. Hay una pequeña bahía formada por pequeñas islas artificiales construidas sobre la totora. En cada isla viven sobre 7 familias, alrededor de 40 personas. Las casas y las embarcaciones están hechas también de totora.

El sitio es bastante turístico pero es único y merece realmente la pena visitarlo. Es como estar en otro planeta. Estas comunidades viven de la pesca, la venta de artesanía y el turismo. Todo se organiza de manera comunitaria. Incluso para recibir turistas tienen un sistema de rotación por comunidades.

Cuando llegamos a la isla nos recibieron y nos llevaron a la zona de reunión donde nos explicaron sobre los uros.

Cómo construyen las islas:

En la época de lluvia, las raíces de la totora salen a flote de forma natural. Las trocean con sierras y remolcan hasta el pueblo. Allí ponen estacas de eucalipto en cada trozo de raíz y los unen mediante cuerdas. Eso forma la base de las islas.

Una vez unidos, ponen encima capas de totora.

 

Sobre esto construyen las viviendas, también de totora. Generalmente en cada isla hay una casa comunal y un mirador (al que por supuesto subieron los niños)

Cuando una pareja quiere casarse tiene que buscar una isla dónde vivir, o pueden construirse una propia. Se tarda sobre 1 año en terminarla. Cada tres meses hay que renovar el suelo.

Hay dos tipos de barcas, también construidas en totora y que duran un año. Las barcas de transporte y trabajo (pesca) y las de paseo elegantes con piso de arriba.

Después una familia nos enseñó su casa (Adolfo y María) y las artesanías que producen.

Nos despidieron con unos cánticos.

Para terminar fuimos en la lancha de paseo hasta una isla donde hay un restaurante y un alojamiento pero enseguida nos marchamos rumbo a la Isla de Amantaní, a tres horas de navegación. En esta isla nos íbamos a quedar a dormir en casa de una familia. El  turismo rural de aquí.

La isla de Amantaní está formada por 10 comunidades. Nosotros nos quedamos en Santa Rosa. También tienen un sistema rotativo entre comunidades para recibir a los turistas. Llegamos al puerto y allí están esperando las personas que dan alojamiento. Todas las mujeres van igual vestidas. Falda amplia fucsia, camisa blanca con flores bordadas, chal negro con bordados en la cabeza y sandalias. No es que se disfracen para el turista, visten así. Los hombres han dejado de vestirse a la manera tradicional.

 

Empezamos a subir hacia el pueblo y una de las primeras casas era la nuestra. Pedimos alojarnos con una familia con niños, pero solo vimos a uno de 3 años. Nos recibieron Dionicia y Presento, con ellos viven su hija Julia, marido e hijo y estaban visitándolos su otra hija su yerno y su nieto Junior.

Al llegar nos enseñaron nuestras habitaciones

Bajamos y la comida ya estaba preparada: sopa de quinoa, queso frito con papas y ensalada. La cocina se separa del comedor por una división baja de totora. Hay un pequeño sofá y una mesa rodeada de bancos cubierto por pieles y telas típicas. La habitación no es grande y tiene colgadas en las paredes carteles y fotos. En la mesa había un papel con palabras en español, inglés y quechua. Carmen estuvo toda la comida aprendiendo palabras en quechua. Es un idioma muy complicado. A Dionicia le hacía mucha gracia y se llevó muy bien con Carmen. Los niños también aprendieron algunas palabras, pero su vocabulario se reduce a “sí” (“ari”) y “buenos días” (“allin punchay”).

Dionicia no pierde el tiempo, en cuando acabó de darnos la comida se puso a hilar.

La altura hace que te sientas cansado, así que después de comer descansamos un rato. A las 3, Presento nos acompañó a la biblioteca del pueblo. La agencia con la que vinimos destina una parte de sus ingresos a mejorar la vida de las comunidades donde van los turistas. Conocimos al dueño de la agencia y nos pareció una persona seria e involucrada en los proyectos. En cada comunidad han hecho una biblioteca y la van equipando poco a poco. Además han contratado a una persona para que esté allí ayudando a leer a los niños y mayores y haciendo la animación del centro. Por las mañanas colabora en el colegio del pueblo. Vino con nosotros en el barco, se llama Francisco.

En la biblioteca una señora inglesa llevó juegos para los niños. Fue una experiencia que nos gustó mucho y una buena manera de unir turismo y desarrollo.

 

Después de esto subimos hasta la Pachatata a ver la puesta de sol. A mitad de camino Presento nos enseñó su tienda y nos presentó a su hija Julia.

Después seguimos subiendo con nuestro grupo. A casi 4000 metros de altura una subida de una hora se hace interminable y muy cansada. A Yago le dolía bastante la cabeza por el soroche. Nos ofrecieron un servicio de taxi local, que contratamos por la insistencia de los niños…lo compartieron entre los tres.

En esta isla no hay coches, el alumbrado público llegó al pueblo en los 90, pero no pueden utilizarlo porque es demasiado caro el combustible para el generador. Las casas tienen electricidad con una pequeña placa solar. El agua es escasa y creo que viene de pozos y en cada casa hay un wc. En la isla hay 3 colegios de primaria, y un  colegio de secundaria. Toda la gente de aquí habla muy bien de Fujimori porque fue quien dió educación, sanidad y servicios públicos a las poblaciones como estas.  Todos dicen que se acuerdan de él por lo que hizo por ellos, no por lo que robó.

La vista desde Pachatata es preciosa, ves toda el lago y al fondo en la parte boliviana los nevados de la Cordillera real boliviana. La puesta de sol es preciosa, los colores muy especiales, se ven amarillos, rojos, violetas. En cuanto se va el sol la temperatura cae en picado. Bajamos con linternas por el mismo camino hasta casa.

Cenamos sopa de patata y verduras con huevo y arroz. Todos los platos estaban muy ricos y eso si, son contundentes.

Después de descansar un rato, no preparamos para la fiesta. Dionicia y Presento nos prestaron trajes típicos y nos ayudaron a vestirnos. La falda se coloca justo debajo del pecho y se aprieta bien con una banda. A mi me cortaba la respiración. Carmen iba con la misma ropa. Jorge y los niños llevaban un poncho típico y gorros de colores.

Fuimos a la fiesta en el mismo edificio de la biblioteca. Hay una sala amplia, con sillas colocadas alrededor y una única bombilla. Podíamos comprar agua y cerveza. Llegamos de los primeros, y poco a poco llegó gente y empezó la música (tocaban un grupo de chicos del pueblo). Terminamos todos bailando como locos y el gran descubrimiento fue Yago, que una vez que le pasó el dolor de cabeza bailó toda la fiesta con Francisco sin parar. Carmen también se hizo una amiga (Cintia) y estuvo bailando con ella. A las 9h15 volvimos con nuestras linternas a casa.

Dormimos en dos habitaciones con dos camas cada una. Carmen y yo en una cama y José a nuestro lado. Jorge y Yago en la otra habitación. La totora sirve para todo hasta para poner debajo del colchón. Aunque la noche es muy fría y no hay calefacción, las mantas de llama o alpaca calientan y dormimos fenomenal.

 

Miércoles 19 de septiembre

A las 5h30 ya hay luz y el gallo se puso a cantar como loco. Nosotros que somos de ciudad el tema del gallo nos despertó. Desde que empezamos el viaje creo que no hemos dormido en ningún sitio que hubiese persianas, menos mal que ya estamos acostumbrados y no nos afecta la luz.

Desayunamos con la familia café, mate de coca, pan con mantequilla y mermelada y unas tortitas buenísimas. Uno de los consejos para el soroche es comer “liviano” pero aquí resulta imposible.

Nos despedimos de la familia y Dionicia nos acompañó al puerto.

En el barco fuimos durante 1 hora hasta la isla de Taquile.

Allí las tradiciones se mantienen mucho más y la gente es muy distinta a Amantaní. Tanto los hombres como las mujeres van vestidos de la manera tradicional. Para los hombres hay toda una simbología en la forma de vestir. En esta isla tejen tanto las mujeres como los hombres. Cuando van a tener un hijo los hombres tejen un chullo (gorro) de color marrón y rojo. Los niños lo usan hasta que tienen 8 años y aprenden a tejer su propio gorro, que es el chullo rojo y blanco de soltero. Cuando son más mayores y se echan novia formal se van a vivir con la chica durante 3 a 5 años antes de casarse. Durante este período recortan el pompón del chullo para que se sepa que aunque están solteros no están libres del todo. Cuando se casan lo hacen por dos ritos. Uno tradicional con el chamán y otro católico en la iglesia. La fiesta dura una semana y no hay invitaciones, todo el que quiera puede ir a la fiesta. Tienen que matar varias docenas de corderos para alimentar a toda la tropa durante la semana de fiesta. En cuanto se casan cambian el chullo por uno todo rojo con rayas azules. También se ponen una faja roja que les ha tejido su esposa. Y pegado a la faja llevan un bolso llamado chuspa donde llevan hojas de coca que intercambian a modo de saludo (no se dan la mano). El guía nos contó que la forma del chullo viene de los sombreros tradicionales de Galicia. Explicó que la isla fue una prisión en la época colonial y había muchos gallegos. No sé si será cierto, pero va a ser verdad que hay un gallego en todas partes.

Para las mujeres también hay un código de vestimenta. Las solteras llevan faldas de colores vivos y camisa rosa, se ponen pompones muy grandes de colores en las trenzas, mientras que las casadas llevan colores más oscuros.

En la isla hay 25 hombres llamados “autoridades” que tienen un código de vestimenta especial. Los elige todo el pueblo cada mes de noviembre a mano alzada. Se reúnen en la plaza y cada autoridad propone a dos candidatos. Pregunta a quien eligen, al de su izquierda o al de su derecha y a mano alzada votan. Las autoridades tienen asignadas distintas tareas, controlar el puerto, dedicarse a organizar la parte agrícola…Me llamó la atención que si hay una mujer soltera embarazada, las autoridades le obligan a casarse, velan por la moralidad de la comunidad.

Los habitantes de Taquile son famosos por sus tejidos que la Unesco declaró en 2005 Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Hay un mercado cooperativo que es gestionado por grupos de 5 familias que se relevan cada semana.

En esta isla tampoco hay coches, la electricidad es por paneles solares. Vimos un sistema de bombeo de agua pero parece que es para abastecimiento no para agricultura.

La gente de esta isla es mucho más reservada y no le gusta que les hagan fotos. Lo que me hizo mucha gracia fue ver en la plaza de armas a los hombres con sus ganchillos y agujas de calcetar dale que te dale al chullo.

 

Subimos desde el puerto una hora por un camino hasta la plaza de armas. Hay un poste con las distancias a capitales del mundo. Estamos a 10.292 km de Bruselas. Nos extrañó que no salía Coruña, no podemos decir la distancia. Madrid salía pero no se ve en la foto.

Después fuimos a comer a un restaurante en un alto con unas vistas preciosas. En los caminos hay unos arcos de piedra típicos.

En el restaurante no había agua corriente. Pero nos dieron una sopa de quinoa y trucha salvaje del lago, todo muy rico.

Después bajamos por otra parte hacia la costa por 540 escaleras. En este otro puerto nos esperaba el barco que nos llevó de nuevo a Puno. El viaje duró 2h40 y los niños se fueron a la cubierta del barco a jugar. No me enteré muy bien de que iba el juego pero se les oía correr y tirarse por el suelo. Jorge y yo nos quedamos dormidos…

Normalmente pensábamos quedarnos en Puno y al día siguiente coger un bus a Copacabana en Bolivia. Viendo el planazo de Puno decidimos ir directamente al salir del barco. Como la frontera cierra a las 6 de la tarde contratamos un transporte privado. Nos montamos a las 4h45 y nos dijo que se tardaba 2h40, pero que no nos preocupáramos que íbamos a llegar. A mi no me salían los cálculos, pero nos fiamos del conductor.

El viaje fue tranquilo. Pasamos por un hotel muy raro en mitad de ninguna parte. El chófer nos contó que era un hotel para turistas esotéricos. Vienen bastantes y hay agencias especializadas. Lo que decía Jorge, aquí el tema místico-cósmico funciona bastante.

Finalmente llegamos a la frontera 15 minutos antes del cierre. En la parte peruana no hubo problema . El chófer nos acompañó hasta la parte boliviana para guardarnos las maletas y buscarnos un taxi (parece que no hay acuerdo internacional para dejar pasar servicios turísticos entre fronteras). Cuando ya pensábamos que todo estaba solucionado y nos íbamos, el conductor nos dice que le han quitado el DNI y que no lo dejan marchar, le acusan de ser “guía” y de prestar sus servicios en otro país sin permiso. Le pide a Jorge que le acompañe a hablar con la policía. Yo me quedo con las maletas y viene otro policía a preguntarme. No lo vi muy espabilado ni muy íntegro. Me acusó que le estaba ocultando algo y que no le decía toda la verdad. A Jorge que le dijeron que esto no iba con nosotros y que nos marchásemos. El policía se marchó hacia dentro diciéndole al pobre conductor “y no vengas con abogados”. En fin que nosotros no podíamos hacer más y cogimos el taxi que nos había buscado el “delincuente” y nos marchamos. Más tarde nos enteramos que hay bastantes problemas entre los dos países y terminan pagando la gente que no tiene nada que ver. Nos dijeron que lo detendrían un par de horas y después lo dejarían volver a su casa.

Al entrar en Bolivia notamos que hemos cambiado de país. Desde la frontera a Copacabana hay 8 kilómetros y tardamos media hora. Aparentemente están arreglando las carreteras y fuimos por pistas sin asfaltar llenas de socavones. No hay iluminación pública y las casas estaban a oscuras. El taxi apestaba a animal. Menos mal que había muchos coches en la carretera porque sino la escena parecía como de secuestro exprés. La verdad es que la entrada en Bolivia fue bastante desagradable por el incidente con el conductor. Pero cuando llegamos al hotel, todo cambió. Es un hotel precioso, recién reformado, con vistas al lago. Las habitaciones son amplias y preciosas. Nos dimos una ducha y nos fuimos a cenar. Adiós Perú, bienvenidos a Bolivia.

Mónica

 






  7 Responses to “Lago Titicaca: islas de Uros, Amantaní y Taquile”

  1. Este post es una pasada, me ha encantado.La pena es que no podáis traernos ese traje tradicional tan bonito. Todos estáis muy guapos pero Jorge se sale. La verdad es que Perú es realmente interesante.
    ¿Como está Carmen?, ¿Ya Recuperada?.
    Besos de los primos que preguntan mucho por vosotros.

    • Estas islas son muy especiales y nos encantó haber ido. Los trajes típicos fueron un puntazo, a Jorgiño le sentaba de maravilla, tanto que se ha agenciado un gorro. Carmen ya está recuperada. Os llamamos ayer pero no contestasteis.
      Muchos besos

  2. Que fotos tan chulas! El colorido es precioso. Y es cierto que os favorece muchisimo.

    Besos
    Carmen

  3. Porfa Mónica, recomienda le este viaje al GPV. Quisiera ver a mas de uno haciendo ese turismo rural…

  4. Mónica tanto rollo con la maleta. Deberías haber metido el traje de gallega en todas sus variantes.
    Impresionante Perú.

  5. Un 10 para Perú, la gente parece encantadora y a vosotros se os ha visto muy felices, salvo las indisposiciones normales dadas las circunstancias y de las que parece os recuperáis bastante bien. Sois auténticos todoterreno.
    Enhorabuena y un beso (suerte en Bolivia).

    • Pues si, Perú un 10, nos ha encantado, es muy recomendable. Acabamos de volver de Bolivia y estoy preparando un post, eso es más de todoterreno.

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