Aug 282012
 

De los sitios a los que he viajado, creo que Galápagos es el mejor preservado y más protegido que conozco. Es un paraíso de naturaleza. Las islas están a 1000 km de la costa en mitad de ninguna parte. Ya impresionaron a Darwin en el siglo XIX por la biodiversidad única que tienen. El nivel de protección parece muy riguroso, acorde con la riqueza que tienen. El turismo está muy controlado. Los propios ecuatorianos tienen que pedir una especie de “visado” para ir a Galápagos y sólo pueden permanecer un tiempo limitado. La “entrada” en las islas cuesta la friolera de 100 dólares para los extranjeros (niños 50, o sea 350 del ala para la familia, más 10 por persona que ya se pagan en Quito por no sé qué papel, 400 dólares antes de entrar). Contrasta mucho viniendo de EEUU, donde compramos un pase anual para todos los parques nacionales por 80 dólares para toda la familia.

Pero merece la pena. Nunca vimos tanta fauna salvaje en su entorno desde tan cerca y en un sitio tan especial. Las islas son de origen volcánico. Hay paisajes de lava que recuerdan a Lanzarote. Pero el clima es muy tropical. Los paisajes son espectaculares, y están llenos de bichos fantásticos.

Llegamos en un vuelo desde Quito vía Guayaquil. El aeropuerto de Galápagos es básico, tipo galpón tropical de playmobil. Cuando descargan las maletas dejan pasar a la zona de equipajes a los pasajeros para que cada uno busque la suya. De allí fuimos en un bus destartalado hasta un embarcadero donde cruzamos un pequeño estrecho entre la pequeña isla donde está el aeropuerto y la isla de Santa Cruz, donde está la capital. Después nos llevaron en un bus pequeño. Había que recorrer toda la isla de Santa Cruz de norte a sur para llegar al puerto. Estaba nublado y lluvioso, en plan llovizna. En el camino nos fueron enseñando vestigios volcánicos de la isla y fuimos viendo la flora. Y paramos a ver las tortugas gigantes, las que llamamos en España “galápagos”. Os remito al siguiente post sobre qué hicimos en Galápagos y el post de animales que está preparando Carmen.

Pasemos un momento a la experiencia turística. Está claro que cuando pasas de Norteamérica a Sudamérica tienes que reprogramar tus expectativas. No quiero decir que sea peor ni mejor, pero sin duda es diferente.

Desde el principio del viaje teníamos Galápagos en la cabeza. Es uno de los destinos más deseados y la mayor parte de la gente coincide que la mejor manera de visitarlo es en un barco. Hay más de 200 barcos que hacen rutas entre 5 y 15 días, la mayoría de alrededor de 20 personas aunque los hay más grandes. Todos los barcos están controladísimos. Las rutas están perfectamente programadas. El objetivo es que no se saturen los sitios de visita. Con estos parámetros en mente y la necesidad de asegurar la jugada, el crucero por Galápagos lo contratamos en Bruselas con bastante tiempo de antelación. Contratándolo con tiempo quisimos asegurar que teníamos un buen barco en la semana que queríamos. Elegimos un barco para un crucero de 6 días y 5 noches. El barco es un catamarán de 16 personas que se llama Millennium. La estructura del barco es fantástica, muy amplio y cómodo, nuestro camarote parecía más una habitación de hotel. Sin embargo el barco tiene ya 10 años y muchas cosas no funcionaban bien. Si se viaja con tiempo y no en temporada alta se puede ir sin reserva y contratar el crucero en las islas o en Quito a mejor precio (menos de la mitad). Eso sí, la ruta que haga el barco es fundamental.

La llegada fue un poco caótica. Cuando aterrizamos, después de los trámites burocráticos de entrada a las islas que tardaron como 40 minutos, recogimos las maletas y nos estaba esperando un guía muy simpático. Vimos un bus lleno de gente y nos dijo que teníamos que subir, que el resto de pasajeros de nuestro catamarán ya estaban dentro. Sin embargo el conductor no nos dejó porque el bus ya estaba lleno y finalmente el guía nos dijo que teníamos que esperar al siguiente. Nos dijo también que el resto de pasajeros habían llegado hacía 2 horas. Que esperaba que le hubiesen entendido que nos tenían que esperar en el muelle a donde se dirigía el autobús. Inmediatamente nos imaginamos el cabreo que debían tener los tipos que nos tuvieron que esperar 2 horas y volvían a tener que esperar en otro sitio. Sin embargo el siguiente autobús llegó bastante rápido (unos 20 minutos). Nosotros estábamos allí esperando en la acera mientras todos los extranjeros formaban una cola más o menos ordenada unos 10 metros más allá. Cuando llegó el autobús, el guía metió las maletas y nos metimos en el bus con su consigna de “aquí no se hacen filas”. Llegamos al muelle y sorprendentemente los otros pasajeros de nuestro barco no tenían muy mala cara. Gente paciente y educada.

Entre espera y espera el guía nos contó que él realmente no era el que iba a venir con nosotros, que él se cogía vacaciones ese día y que tendríamos otro guía el barco. Pues muy bien. La idea inicial era ir al barco, comer, y luego regresar en el autobús a ver las calderas de los volcanes y las tortugas. El guía sugirió que como era bastante tarde, podíamos hacer primero las visitas, ya que estaban de camino, y luego ir al barco. Era como la 1 de la tarde y no habíamos comido pero nos dijo que en uno de los sitios se podía comprar algo para comer. Todos aceptamos y así hicimos. Fue muy interesante y una buena introducción a las islas. Un túnel de lava, una caldera volcánica, las tortugas… Tomamos una empanada y un jugo de maracuyá como tentenpié. El guía fue excelente con todas las explicaciones. Son gente muy preparada que conoce muy bien las islas.

Llegamos al muelle para embarcar sobre las 4 y media. El guía tenía una radio, por lo que me esperaba que estuvieran esperándonos. Pero no. Aún tuvimos que esperar unos 20 minutos en el muelle mientras veíamos el barco fondeado a unos 100 metros. Finalmente vinieron las zodiac y subimos al barco. Lo dicho, la prisa no es un sustantivo en uso.

El guía nos repartió en los camarotes, la tripulación nos ayudó con las maletas, y nos dijeron que enseguida nos ponían la comida, que por la hora era más bien una merienda-cena. La comida buenísima, uno de la tripulación allí atendiéndonos muy bien, y todo correcto. A esto de las 6, cuando aún estábamos todos comiendo, el guía se despide y nos dice que la nueva guía llegará a las 7. Bueno, bien. A mí me pareció un poco raro que nadie nos recibiera en el barco. Yo me imaginaba el capitán diciendo “bienvenidos”, presentándose, y presentando al personal etc. También me imaginaba unas instrucciones de seguridad. Vamos, aunque sea unos mínimos, ya que estás en un barco. Nada.

Habíamos avisado de que era el cumpleaños de José y Yago y la tripulación tenía preparada una tarta deliciosa que les cogió por sorpresa, se pusieron muy contentos.

 

Pero allí pasaron las 7, y las 8, y las 8 y media, y una pareja de neozelandeses muy simpáticos que estaba en las islas desde las 10 de la mañana empezaron a inquietarse y me preguntaron si sabía de qué iba esto. La verdad es que era bastante desconcertante, porque el guía se piró, el tipo que sirvió la cena también, y allí pasaban las horas y no aparecía nadie, salvo unos pocos pasajeros más que llegaron más tarde, y aún estaban más alucinados que nosotros porque no tenían ni idea de qué pasaba, qué hacíamos allí unos mirando para los otros. Llamamos a los sótanos y al momento subió un tipo gordito con cara de buena persona que resultó ser el cocinero (que más tarde se reveló como un excelente cocinero durante toda la travesía). Le explicamos nuestro desconcierto y dijo que no sabía nada pero que intentaría llamar al administrador para saber qué pasaba. Se fue y volvió al rato con las noticias: la guía y EL CAPITÁN estaban en camino y llegarían a las 9. ¡Ah! O sea que estábamos en lo cierto que no había capitán. Está bien que seguíamos fondeados, pero vamos a ver, esto es impresentable. Lo peor es que llegaron no a las 9, sino como a las 11. Mientras tanto el cocinero había preparado unos sandwiches y el pasaje había asaltado la nevera para proveerse de cerveza fresca.

Lamentablemente, cuando llegaron la guía y el capitán, el desconcierto no dejó de aumentar. El capitán pasó como una bala hacia el puente de mando y apenas contestó a nuestro saludo con un murmullo. La guía llegó diciendo que era muy tarde y que al día siguiente a las 6 de la mañana ya nos explicaría todo. Alucinados, le preguntamos cómo es posible que nos tuviesen esas horas tirados en el barco sin ninguna explicación de nada y que ahora nos mandase a la cama. Ella dijo que lo sentía mucho pero que a ella la habían contratado ¡hacía una hora! El neozelandés no daba crédito y dijo que de ninguna manera se iba a marchar sin unas mínimas explicaciones de qué íbamos a hacer, y también protestó que cómo era posible que no tuviésemos instrucciones de seguridad, más aún cuando había niños en el barco (los nuestros). La guía dijo que la ley les dejaba hasta 24 horas para las instrucciones y que lo haríamos al día siguiente, a pesar de que el barco iba a navegar toda la noche. O sea que si hay una emergencia el primer día, pues majete te ahogas y ya está.

A mí la improvisación no me molesta. Muchas veces las cosas no salen como esperas, y hay que buscar soluciones. Por lo que me contaron, parece que la guía que estaba contratada tuvo algún problema y que tuvieron que buscar a otra sobre la marcha. No sé si es cierto, pero en cualquier caso las cosas se explican. Tiene que haber algún interlocutor responsable que explique a los clientes qué rayos pasa (el cocinero hizo todo lo que pudo pero supongo que no es su trabajo). Si bien entiendo que no se contrate a un capitán por su locuacidad, un mínimo de respeto a los clientes sería deseable por parte de quién se supone que está al mando.

Nosotros estábamos de tan buen rollo que el caos organizativo hasta nos hizo gracia. En todo caso estas cosas al día siguiente se te olvidan porque las islas lo compensan todo. Y hay que decir que tanto la guía como la tripulación del barco eran excelentes. El trato fue magnífico en todo momento. La tripulación es amabilísima y entregada a hacer la vida agradable a los pasajeros. Sara nuestra guía hizo un trabajo fantástico y lo pasamos muy bien (¡incluso jugaba todos los días al dominó con Carmen!). Además, la comida era exquisita. En el post siguiente os explicamos más de lo que hicimos.

Jorge






 Posted by at 17:45

  2 Responses to “Llegada a Galápagos”

  1. Chicos, que gusto leeros. Acabamos de llegar de san sebastian y las galapagos son casi mas bonitas que santa clara en la concha!
    No he visto un solo libro alrededor de los ninos pero supongo que parte de estas redacciones y su traduccion al frances las hacen los 3 monstruos. Felicidades a Yago y Jose por el cumple. Alessandro fue al partido Real Sociedad- Celta de Vigo, y ganamos 2-1 (uff!) Mejor jugar contra los gallegos que contra los catalanes (en Barcelona perdimos 4-1)
    Un beso grande de los Rossetti
    Lara

  2. joyeux anniversaire

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